La Bufa de San Anton: mascarada de invierno en Aldeadavila de la Ribera

El viajero llega a Aldeadávila de la Ribera, al que llaman Corazón de los Arribes, porque hacía tiempo que quería volver a ver esta tradición Barisāl –La Bufa de San Antón-que, al parecer, se ha recuperado no hace muchos años. Llegó a tiempo, aún no estaban por las calles. La tarde, soleada, según pasaban los minutos se hacía más fría. Los últimos rayos de sol de invierno ofrecían luz difusa que enmarcaba las esquinas y las torres.

En esta tarde de San Antón, cuando ladraban los perros de una reata presos en un remolque celda, y eran muchos los turistas que regresaban de presenciar el maravilloso espectáculo de los cañones del Duero en época de lluvias, también sonaba la música. Música tradicional aunque faltaban los tamborileros locales que, haberlos haylos y son buenos.

Y comienza La Bufa de San Antón. Si antes también con mayores, mozos y mozas, ahora son los niños. Mejor, piensa el viajero, así la tradición queda protegida en el conocimiento de los más pequeños. Muchos niños disfrazados que buscan la algazara y, cómo no, la Urga y el mascarado.

Un localismo a tener en consideración, el único que se conserva en cuanto a mascaradas de invierno en La Ribera, ahora Arribes del Duero-, pero no la primera que se celebra en comenzado el año en Castilla y León –como se dice-. El viajero aún recuerda también Petrila ‘La Vaca de Villarino’ transmutada erróneamente en http://residenciauniversitariasfj.es/?pyk=caja-de-seguro-citas-web&d99=bf 'La http://aulalearning.es/?mimiwka=que-hacer-en-jaen&e09=73 vaca de Garrito'. Eran simulaciones vacunas o taurinas, con diversas técnicas de disfraz que, como en el caso de Villarino, de ser mascarada del día primero del año, fue traslada desde el duro invierno a los carnavales –se corría el Martes de Carnaval-.

Pero vayamos a la que el viajero rescató de la tradición, 'De fiesta en fiesta. Por el Oeste salmantino', en la víspera de San Antón. Una mascarada en la que participaban/participan todos los muchachos del pueblo, tocando campanillas, cacerolas, cencerros o latas abandonadas. Tras reunirse en un punto determinado del municipio, antaño los torales –ahora en el Centro Cultural-, todos los mozos recorrían las calles empedradas ensordeciendo todos los rincones del municipio montados en mulos y burros y, los más, a pie. Se detenían a la puerta del mayordomo de San Antón y eran invitados a un convite –ahora es el Ayuntamiento- en el que se degustaban chochos –altramuces-, dulces, obleas y un vasito de vino y comenzaban las chanzas entre los galanes. Pasaban uno a uno y no era raro el que no saliera tiznado porque los familiares o amigos del mayordomo ya estaban preparados para untarles la cara, las manos, colgarles algo de la chaqueta, con lo cual se preparaba una algazara que duraba hasta la madrugada, esto, antaño, se llamaba ‘ir a la bufa’. Con este rito se intentaba, según apunta Luis Mata, “rememorar la prueba a que fue sometido el Santo, por Satanás, cuando oraba en La Tebaida, en su retiro de anacoreta”. Al día siguiente todos los mozos aparecían en la plaza con sus ganados para que fueran bendecidos por el sacerdote

 

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